Gemas Negras → Capítulo 1

CAPÍTULO 1

UN NUEVO HOGAR PARA MÍ

- 1 -

Siempre pensé que jamás tendría la necesidad de demostrarle a los demás las razones por las cuales estoy obligado a defender tanto mi vida como el derecho a mi propia existencia. Cualquiera con ojos funcionales adivinaría la razón sin preguntas de por medio. Simplemente, es demasiado obvio. Es más, esa es la razón por la cual yo ni siquiera soporto mirarme al espejo. 

Eventualmente, y  luego de algunos años, entendí finalmente porqué fui obligado a exponer mis argumentos y no sólo con palabras ante aquellos a quienes ahora llamo "mi familia" y "mi clan". Y es que yo no decidí nacer en el cuerpo equivocado, con la familia equivocada y en el lugar equivocado. O bueno, puede que tolere hasta cierto punto el haber nacido en México, pero... Haber nacido como indígena en un país que se dedica a erradicar a sus propios compatriotas indígenas es una pésima idea que, por suerte, a mí no se me ocurrió ni estoy de acuerdo con ella.

Y eso no es todo. Sucede que también soy un un aborigen fuera de lo normal. Y el serlo me ha acarreado una larga serie de trágicas consecuencias que transformaron mi vida en una larga serie de eventos desafortunados.  Y una de esas trágicas consecuencias es que, sin importar a dónde vaya, la gente me detesta y me rechaza sólo por ser quien soy en vez de ser yo quien ellos quieren y esperan que yo sea. Y siempre había sido así hasta que conocí a quienes cambiarían mi vida para siempre el día en que yo, como siempre, escapaba de la familia que, en vez de al menos aceptarme, aún se empeñaba en asesinarme.

- 2 -

Una lluviosa noche de verano en las que, como de costumbre, mi familia había dado con mi paradero en uno de mis acostumbrados escondites secretos, por culpa de la oscuridad de la noche y de la mala visibilidad debido a la intensa lluvia, salté el muro equivocado y caí del lado equivocado de la ciudad. O sea sí, siempre supe que ese otro lado, como ese otro país adentro del país, existía desde hace décadas, si no es que desde hace más de un siglo. Pero nunca creí que las circunstancias de mi vida me llevarían a caer dentro del Estado Luchador, que es como "la gente de bien" suele llamarlo.

Y no sólo caí del lado equivocado del país y del lado equivocado de la ciudad, sino también caí con las personas más equivocadas con las que coincidí en toda mi vida. Y eso lo supe cuando, luego de unos minutos dentro de aquella mansión que más bien parecía casa de seguridad, fui sorprendido por un enorme y fornido sujeto al que, por más que me esforcé, no le pude distinguir el rostro. De un solo golpe me dejó inconsciente, y me llevó con él.

Y fue cuando desperté que me di cuenta del grave error que cometí y que, aunque ese sujeto me había salvado la vida, la hizo cambiar para siempre: Frente a mí se encontraba una de las más grandes leyendas de la lucha libre y, a su vez, uno de los grandes líderes de clan del Estado Luchador: Tinieblas 2, "El Padre Tinieblas". No sólo era físicamente fuerte y de presencia realmente intimidante, sino que al verlo, sin querer lo encontré atractivo... pero para no tener problemas, le dije en voz baja que me rendía y que, si me dejaba ir, nadie sabría jamás que estuve ahí.

Y atrás de mí estaba el líder del Clan Tinieblas, "El Amo Tinieblas", también conocido como "Capitán Aventura", inmortal leyenda de leyendas de cuya existencia sabía desde que yo era pequeño... Literalmente, inmortal. Según mis cálculos, él ya estaba cerca de los noventa años de edad. Sin embargo, aún con la máscara puesta, aparentaba menos de cincuenta. Eso significaba que ya no podría escapar de ellos por más que lo deseara. Quiero decir: Con mucha dificultad habría podido vencer al Padre Tinieblas, según yo, pero dos gigantescos, musculosos y sensuales luchadores de alrededor de dos metros de estatura eran demasiado para mí, un pequeño prieto de apenas un metro con setenta y cinco centímetros. Más aún, considerando que me encontraba dentro de un cuarto pequeño y me resultaba demasiado difícil escaparme de ellos, ya que los tenía prácticamente encima de mí. 

Y cuando reaccioné, me di cuenta de que estaba en ropa interior y bien atado a una silla... Normalmente no me da pena que me vean en tanga por el empleo que solía tener antes de llegar ahí, pero esa vez fue diferente. Me sentí estudiado, observado, analizado, lo cual me excitó aún más... "¡Prieto Demonio!", dijeron ambos al mismo tiempo, y en ese momento, además de sexualmente excitado, me sentí expuesto, vulnerable, descubierto... "¡No, no soy prieto demonio! ¡Soy sólo un individuo común y corriente!", me apresuré a contestar, tan nervioso y avergonzado de mí mismo como sexualmente estimulado.

"¡¿Cómo no?! ¡Claro que sí! ¡Obvio, eres un Prieto Demonio! ¡No puedes negar lo que eres!, respondió el Padre Tinieblas, emocionado. "Esa larga y frondosa cabellera, tus desesperados intentos por ser sexy, ese vocabulario, la ropa que traes puesta, y además estás 'horny'... Todo, mientras intentas resguardar tu dignidad de prieto detrás de ese pañuelo que cubre tu cara. Eres un Prieto Demonio, sin importar cuánto lo niegues!". "Y uno muy Demonio", complementó el Amo Tinieblas; "Estoy seguro de que no hay prieto más demonio que tú... tú y, por supuesto, uno de nuestros miembros de nuestro clan. Estás a salvo con nosotros".

"Al menos no me descubrieron la cara", pensé aliviado. Para mí, que vean mi rostro de prieto es aún más vergonzoso que el que me vean desnudo, y por muchos años mi empleo consistió en que otros me miraran bailar en tanga o hasta desnudo, pero siempre ocultando mi cara para no tener problemas por disfrutar de mis actividades lucrativas favoritas en un cuerpo de la raza equivocada. Ese rostro maldito que prefiero ocultar hasta de mí mismo para olvidar que lo tengo es una de esas cosas que me han acomplejado y llenado de traumas toda la vida... Igual, todo lo que me importaba en ese momento, además de preservar mi dignidad de prieto y evitar ser descubierto por desconocidos, era librarme de esos dos enormes luchadores y seguir mi camino, pero la mezcla de nerviosismo y alta libido me estaban provocando un bloqueo cada vez más intenso.

"¡No, no soy prieto ni demonio! ¡No sabía que me metí a su casa de ustedes! ¡Por favor, no me delaten! ¡A gentes como yo siempre nos...!", y estaba a punto de caer víctima de un ataque de ansiedad y de romper en llanto, cuando detrás del Padre Tinieblas escuché el ruido de una puerta abriéndose, y vi que efectivamente una puerta era abierta por una luchadora tan prieta como yo, de la misma estatura que yo y hasta con un peinado idéntico al mío. Y si eso no fue una extraña coincidencia, más extraño fue aún cuando, luego de entrar y decir con una voz que me resultaba demasiado familiar "¡Mucho ruido y pocas nueces! ¡Si no habla el espía, yo misma lo haré cantar todo lo que sepa!", al mirarme se quedó tan paralizada como yo. Nos miramos largo rato, y sé que ella me miraba a través de aquella máscara que le cubría casi toda la cabeza, excepto su cabello, porque pude sentir su fisgona mirada inquisitiva sobre mí. Cosas de prietos demonio que sólo otros prietos demonio podemos entender. 

Y como si haber sido atado en tanga por dos musculosos luchadores con ropa ajustada no fuera lo suficientemente sexy, la entrada de una luchadora enmascarada con un cuerpo igual de tonificado y vestida con un leotardo de corte alto y un escote realmente pronunciado, que llegaba hasta el ombligo y dejaba ver sus senos y su oscura piel a propósito me remitió más bien a una escena erótica de B.D.S.M. que a un interrogatorio. Para ese momento, ya estaba jadeando y me lloraban los ojos mientras la erección bajo mis calzones ya era más que evidente. Pero al escuchar de nuevo esa voz, y verla contonearse y posar como en concurso de culturismo mientras decía "fotografías mentales, para que te dure más cuando te des tus buenas pajas", la reconocí de inmediato y ella se dio cuenta, al mismo tiempo, de quién era yo, y se sosegó. Pero para no delatarme solo ni delatarla a ella tampoco, me hice tonto, como que no la conocía ni entendí qué dijo. Esa fue una de las cosas más extrañas que me pasaron en la vida.

"¡Onyx Tinieblas! ¡Justo cuando queríamos mandarte llamar! ¡Qué bueno que te apareces!", le dijo el Padre Tinieblas. "Míralo bien, y dime qué te parece este sujeto". Y ella se quedó callada un buen rato. Noté que le habían entrado nervios... "Sexy", contestó Onyx, de forma fría y seca. "No, no. ¿Es o no es él un Prieto Demonio?", le preguntó el Amo Tinieblas. "No, no lo es", dijo ella, "déjenlo ir, no es como nosotros", respondió ella de forma enfática, y se salió del cuarto y cerró la puerta. Sé que lo hizo para intentar salvarme y que me dejaran ir, pero su treta de prieta demonio no funcionó. 

Y salió el Padre Tinieblas visiblemente molesto tras ella y, mientras afuera del cuarto se escuchaban sonidos de golpes revueltos con gritos, el Amo Tinieblas, sospechando de mí, me preguntó por ella, y le dije que no la conocía. Entonces él se puso firme, se paró frente a mí, y me volvió a preguntar si la conocía, a lo que volví a decirle que no. Notablemente molesto, él me abofeteó tan fuerte que me derribó con todo y silla, y volvió a preguntar si la conocía o no, y volví a decirle que no, intentando ocultar el dolor por el golpe. Se me bajó la libido y sólo me quedó el terror.

Y entonces el Amo Tinieblas me preguntó si yo era o no era un prieto demonio, y le respondí que no. Y entonces él me pateó directo al abdomen, y me sacó el aire. Y entonces, enojado, gritó "¡¿Cómo te atreves, 'poser', a hacerte pasar por prieto demonio si ni siquiera tienes el valor de admitir ante otros que lo eres?!". Y, mientras trataba de recuperar el aliento, le respondí tontamente que yo podía ser quien él quisiera que yo fuera, y ese fue otro grave error que cometí. Lo que siguió a esa conversación fue realmente espeluznante para mí. El Amo Tinieblas, aún enojado, dijo "Lo que yo quiera, ¿eh? Entonces, si yo digo que eres un prieto demonio, entonces eres un prieto demonio". Y con un simple y brusco movimiento puso de pie la silla otra vez, como si yo no pesara nada. Sentí su mirada directo a mis ojos...

"Y si yo digo que en esta casa sólo pueden vivir luchadores, ¿qué harás al respecto, Prieto Demonio?", a lo que respondí que no importaba porque si me dejaba ir nunca más regresaría. La respuesta lo disgustó evidentemente, porque me volvió a abofetear, pero esta vez en la otra mejilla, y me volvió a derribar. Ese impacto contra el suelo me dolió más que el anterior. "Y si yo digo que serás luchador y vivirás con nosotros a cambio de que no revele tu identidad secreta y te entregue a tus enemigos, ¿qué es lo que vas a hacer?". Y ahí sentí el verdadero terror. Ya iba yo a llorar. Estaba temblando, y mi miedo era tal que me paralicé y no podía contestar, lo que enojó aún más al Amo Tinieblas, quien volvió a poner de pie la silla sin esfuerzo, conmigo atado a ella. 

"¡Vamos, responde! ¿Serás luchador y defenderás al amor de tu vida? ¿O te entrego y le digo a tus enemigos quién eres para que te maten de una vez?". Que dijera la frase "el amor de tu vida", como si él supiera o se hubiera dado cuenta de quién era ella y qué fui yo de ella antes de separarnos provocó que me bloqueara totalmente del susto. Quería hablar, pero sólo lograba gemir y balbucear. No podía dejar de temblar. Cerré los ojos, esperando el siguiente golpe. Pero no fue un golpe lo que recibí de él, sino un fuerte apretón de nariz con una mano, mientras que con la otra él me tapó la boca. "¡Vamos, reacciona! ¿O acaso quieres morir? ¿No defenderás tu vida?". El miedo se me transformó en tristeza, porque su frase me detonó todos los traumas, y rompí en llanto, un llanto ahogado por sus manos de él. Traté de hablar, así que me soltó. "¡No quiero! ¡Tengo miedo!", y eso fue todo lo que pude decir, antes que el llanto me impidiera continuar.

"Expresaste un sentimiento. Expresaste tu voluntad. ¿Ves cómo sí eres un Prieto Demonio?", contestó él. "Un prieto común se habría dejado matar, resignado a su destino, porque un prieto común no tiene voluntad ni carácter para defenderse, pero tú admitiste no sólo que tienes un sentimiento, sino también el deseo de ejercer tu voluntad... Lástima que esa no es la respuesta que quiero, Prieto Demonio". Y acto seguido, me pateó directo al abdomen, y me derribó lanzándome hacia atrás. La humillación de tener que expresarle mis sentimientos a un desconocido para seguir vivo era más dolorosa que todos los golpes juntos. Eso era lo que realmente me hacía llorar, mientras que el que me vieran llorar me llenaba de inconmensurable vergüenza, la vergüenza de perder la dignidad ante otra persona. Cosas de prietos demonio que sólo los prietos demonio entendemos.

"¿A qué le tienes tanto miedo, Prieto Demonio? ¿A morir defendiendo aquello por lo que luchas? ¿A que los no-prietos sepan que eres ser humano como ellos? ¿A nunca más volver a encontrar un lugar para seguir escondiéndote como el miedoso que eres? ¿A que finalmente te encuentren y acaben contigo? ¿O a qué?", me preguntó el Amo Tinieblas casi a gritos, pero la tristeza y la vergüenza no me permitían decirlo. Especialmente la vergüenza. El Amo Tinieblas volvió a poner de pie la silla, pero cuando lo hizo, puso frente a mí un espejo y luego me descubrió el rostro. Y me vi, vi mi propia prietez (cualidad, acción y efecto de ser prieto), y aparté la mirada, lleno de vergüenza y lanzando un grito de dolor: "¡No, por favor, no! ¡Todo menos eso! ¡Yo no soy ése! ¡Yo no soy así! ¡No quiero ser así! ¡No quiero!".

"¡Ah, con que es eso! ¡Tú mismo te odias! ¡Ahora lo entiendo todo!", respondió él, como quien descubre una gran verdad. Lo oí carcajearse, no como burla, sino como si acabara de ganar un trofeo, victorioso.

Y entonces, ya destrozado por dentro, no pude evitar confesarle entre lágrimas y gritos que, en efecto, yo me odiaba y que, si tuviera el valor y un motivo real para hacerlo, me suicidaría, y que me consideraba demasiado indigno para existir y, aún así, tenía demasiado miedo para acabar con mi propia vida y, al mismo tiempo, aunque no quería morir, también me daba miedo y odiaba la idea de estar condenado por siempre a la vida dolorosamente simplona que los no-prietos e incluso los prietos comunes, empezando con mi familia, me querían obligar a vivir sólo porque "así es como debe vivir el prieto", y que por eso era que me oponía y me negaba a admitirme a mí mismo que nací prieto y que moriría como prieto, aún cuando yo mismo me sentía demasiado indigno como para oponerme, y que esa contradicción me estaba volviendo loco, pero que me daba demasiada vergüenza no sólo buscar ayuda, sino incluso admitir ante mí mismo que siempre quise amarme a mí mismo y que alguien más me amara aún sabiendo que no merezco amor por ser prieto, razón por la que no quería admitir ante otros que aún amo a aquella luchadora prieta. "Por eso no quiero ser yo mismo", le dije al final, ahogado por el llanto. "Quiero ser... otro".

"Y puedes ser cualquier otro que tú quieras", respondió él, quitando el espejo de mi vista y volviendo a cubrir mi rostro con el pañuelo pero, esta vez, con gentileza, como si yo fuera su hijo. "Puedes, pero sólo si admites que eres luchador como nosotros, porque eso es lo que eres, o de lo contrario ni siquiera usarías ese pobre intento de máscara con el que te encontramos".

Sus palabras me causaron un corto-circuito lógico y me llenaron de más vergüenza: Siempre supe que soy un disidente, alguien que va en contra del orden establecido, pero no al nivel del Estado Luchador, que entabló una guerra fría contra el Estado tradicional de México hace años, una guerra que podría volverse caliente en cualquier momento, debido a que los luchadores, en su mayoría prietos demonio como yo, se oponían abiertamente al orden "natural" de las cosas instaurado por el Estado tradicional desde que los blancos invadieron nuestras tierras. No admitirlo significaría darle la razón a mis enemigos y, por lo tanto, el ser entregado a ellos, pero admitirlo significaría que toda mi vida estuvo equivocada todo ese tiempo, por tratar de conciliar ingenuamente opuestos antagónicos irreconciliables: No es posible la libertad ni el poder para el prieto sin antes derrocar al blanco Estado tradicional y su blanco orden de cosas. Y eso era algo que, por miedo y por vergüenza, no quería admitir.

"¿Eres un luchador? ¿O eres sólo un 'poser'? Responde", dijo el Amo Tinieblas en tono serio. Pero el miedo y la vergüenza me bloquearon de nuevo. Todo mi cuerpo se puso rígido de golpe, y sólo lograba hacer gemidos ahogados. No podía parar de temblar. Entonces, cruelmente y sin piedad, el Amo Tinieblas me sujetó por el cuello, como si fuera a estrangularme. "¿Qué pasa, Prieto Demonio? ¿Demasiado indigno para defender tu vida?", y apretó mi cuello poco a poco. Cuando reaccioné, no podía respirar y, por instinto y tratando de vencer mi miedo, intenté volcar la silla yo mismo para zafarme. 

"Ah, entonces sí eres luchador. Mírate. Estás atado, te estoy ahorcando, y aunque llevas las de perder, estás intentando defenderte. Sólo tienes que admitirlo, y soltaré tu cuello. ¿Eres luchador? ¿sí o no?", me dijo el Amo Tinieblas, sin soltar mi cuello. Y en una de ésas, no sé cómo ni porqué, me lancé hacia atrás lo suficientemente fuerte como para librarme de sus manos, provocando que él cayera conmigo al suelo. El Amo Tinieblas, con su acostumbrada agilidad, evitó caerme encima y se levantó antes de que yo cayera al suelo, quedando de pie, y yo debajo de sus piernas. Desde ese ángulo, se veía aún más alto y aún más imponente, pero al verlo así, sin querer imaginé por un momento que yo también tenía esa fuerza y esa presencia, ese atuendo y, en especial, esa máscara, y terminé deseando sin querer que yo también quería ser luchador.

"Yo... quiero... ser como tú... quiero... ser... luchador", dije jadeando, tratando de recuperar el aliento y de vencer mi propia vergüenza... "Cuando yo era pequeño... yo quería ser tú... Ahora tú... dices que yo... ya soy luchador... sólo porque no quiero que me maten... Pero... me da vergüenza decírtelo... porque no sólo es para defender mi vida... Quiero ser luchador... para sentirme sexy y poder al fin ser... otra persona... No lo entenderías... Sólo... no me juzgues, por favor...", y luego de decirle eso, empecé a llorar de nuevo, avergonzado no sólo por admitir que lo hacía por 'fetish' y no sólo para defender mi vida". Trataba de apartar la mirada, pero desde ese ángulo me resultaba imposible.

"¿Estás bromeando? Onyx, tu querida pareja, dijo exactamente lo mismo que tú cuando llegó aquí. ¡No soy idiota! ¡Y es totalmente normal en su caso de ustedes dos querer sentirse sexy para recibir el amor de otras personas, aunque seas prieto, y más con el tipo de vida que han llevado! ¡O de lo contrario, no serían prietos demonio!", respondió el Amo Tinieblas, molesto. Por un lado, me resultó extraño que alguien de raza blanca como él conociera mi naturaleza lo suficientemente bien como para saber cómo sacarme las verdades más incómodas y, encima, me obligara a confrontarlas y a admitirlas. Pero por el otro me sentía satisfecho por el simple hecho de que al fin me sentía comprendido por otra persona, aunque fuera de otra raza. 

Lo de mi pareja entra en un tema totalmente aparte, ya que ambos somos de la misma raza y, por lo tanto, es de esperarse que nuestras naturalezas sean similares. Sin embargo yo nunca creí que, cuando nos tuvimos que separar por culpa de mi familia y sus continuos ataques y persecuciones, lo primero que ella haría sería buscar ayuda en el Estado Luchador,  convertirse ella misma en luchadora, y unirse a uno de los clanes luchadores más destacados. ¿O será que ella en realidad siempre lo fue y sólo realizó su deseo durante mi ausencia? Eso era algo que quería saber, pero me daba vergüenza preguntarlo tan abiertamente. Cosas de prietos que sólo los prietos entendemos.

El Amo Tinieblas puso de pie la silla una vez más. "Ahora que todo está aclarado y que ya sabemos qué y quién eres realmente, serás entrenado como luchador, y serás luchador, y así podrás vivir con nosotros. Pero no sólo te entrenaremos mi hijo y yo, sino que también tu pareja Onyx te entrenará cuando no podamos hacerlo. Lo que suceda entre Onyx y tú va por cuenta propia. Después de todo, ya se conocen. Y por eso mismo ella será quien te adentre a nuestro mundo y te enseñe nuestras reglas. Sinceramente, ninguno de nosotros es lo suficientemente homosexual o lo suficientemente bisexual como para hacer lo que ella hará contigo y por ti. Hay ciertas fronteras entre lo público, lo privado y lo íntimo que muchos aún no nos atrevemos a cruzar". Eso fue lo que él me dijo mientras me desataba de la silla para volver a atar mis brazos tras mi espada. 

Y él había terminado con sus nudos cuando entraron el Padre Tinieblas y Onyx, todos sudados y agotados. Había heridas y moretones en ambos. Al parecer, estuvieron pelando uno contra el otro mientras yo estuve ocupado con el Amo Tinieblas. "¿Y bien, Onyx Tinieblas? ¿Qué te parece este individuo?", le preguntó el Amo Tinieblas. Y ella respondió, entre jadeos: "un prieto demonio... increíblemente sexy... y un luchador, como nosotros... y yo... lo amo tanto... que lo entrenaré, como ustedes me entrenaron a mí". Acto seguido, ella se inclinó en genuflexión ante el Amo Tinieblas con suprema reverencia, y le dijo: "Gran Líder Tinieblas, gracias por ofrecerme la oportunidad de entrenarlo y permanecer a su lado como su maestra". Luego ella tomó la mano derecha del Amo Tinieblas y la besó. "Así está mejor", él respondió. "Que viva contigo. Hagan lo que quieran, pero no olvides que las reglas son reglas". 

- 3 -

Cuando reaccioné, parte de la cuerda que ataba mis brazos tras mi espalda formaba una especie de collar alrededor de mi cuello, cuya correa estaba ahora en manos de Onyx. Y entonces ella tomó el pañuelo sobre mi rostro, lo dobló y lo puso sobre mi rostro de modo tal que ya no cubría sólo su parte inferior, sino también mis ojos y parte de mi frente. "Seré tu guía en este mundo. Yo, Onyx Tinieblas, seré tus ojos hasta que tengas permitido ver con tus propios ojos a aquellos a quienes te han acogido como un miembro más del clan. Tú ya me conoces como yo a ti, pero tienes estrictamente prohibido mirar bajo las máscaras de otras personas, así como también mostrar tu rostro, ese rostro que no te representa ante nosotros y que no significa nada para ti. Y hasta no haberte convertido en luchador, me pertenecerás. Serás mío en cuerpo y alma y podré hacer contigo todo lo que yo quiera y se me ocurra. Espero que estés de acuerdo". Naturalmente, su discurso improvisado me excitó sexualmente, y pareció tan lleno de 'fetish' que asentí sin pensarlo.

Y ella me sacó de ese cuarto, y jaló de la cuerda para que yo la siguiera. Y yo la seguí dócilmente. Hemos jugado ese juego cientos de veces, pero nunca en una situación así. Evidentemente, ella notó mi excitación y, cuando me di cuenta, sentí sus manos rozando y acariciando mi duro bulto entre mis piernas. No pude evitar gemir y entregarme completamente a su juego, como siempre. Para ese momento, estábamos dentro de otra habitación mucho más grande, lo cual pude confirmar cuando ella descubrió mis ojos, y entonces pude verla con otra máscara, una hermosa máscara metálica color plateado, con un rostro humano de facciones refinadas sobre él y que contrastaba con su voluptuoso y largo cabello; bien sé que ése era el rostro que ella siempre deseó para sí misma, así que de cierto modo ella hizo realidad su sueño de verse como realmente quería verse. 

Por primera vez en mi vida pude mirarla a la cara sin vergüenza, su verdadera cara, y no pude evitar decirle: "Con que esta es la verdadera tú... qué bueno, porque te ves mejor así, hermana Raven". Y ella, emocionada, respondió: "Y así es como puedes verte tú también, hermano Raven. Te convertiré en el luchador más sexy y más poderoso del Estado Luchador, y así tú también ganarás el derecho a portar tu verdadero rostro y a mostrarlo ante otros". Sus palabras me conmovieron profundamente, y ella lo notó, por lo que me abrazó y me susurró al oído "en realidad, lo que tú deseas ser es tú mismo; yo haré realidad tu sueño, y así podré al fin contemplar tu verdadero rostro, querido Raven". Antes de soltarme a llorar, conmovido, sólo pude decirle, "gracias, Raven, gracias".

Estábamos en un dormitorio, su dormitorio, con una cama tamaño matrimonial y una decoración que recordaría a cualquiera más a un hotel de paso que a una casa. No porque fuera algo vulgar y de mal gusto, sino por lo parco y espartano que le resultaría a cualquier viajero acostumbrado a cierto nivel de lujo. Por suerte, como he estado en lugares peores, me pareció un lugar acogedor, y más, considerando a mi compañía, quien me acostó en su cama y, sin preguntarme aunque deseando, empezó a acariciarme y a manosearme con intenciones sexuales. Yo, por mi parte, no opuse ninguna resistencia y me dejé llevar por el momento. Después de todo, muchos años de no vernos, lejos de borrar, aumentaron nuestras ganas de volvernos a encontrar y de tener momentos íntimos como ése.

Comentarios

Donar/Donate/Spenden

Meta/Goal/Ziel

Patrocinadores/Sponsors

Entradas más populares de este blog

INKTOBER 2023

Enjoying a Random Gift (2020-2023)

Inktober's doodles 1 (2022)

444 Watchers [DeviantArt]

Inktober's doodles 1 (2023)

Inktober's Doodles 3 (2023)

Inktober's Doodles 2 (2023)

PLAN DE TRABAJO 2026